¿Atletas o clientes?

Análisis de la diferencia esencial entre un cliente y un atleta en el contexto del powerlifting, criticando la cultura clientelar que prima la satisfacción a corto plazo sobre el compromiso y el desarrollo real tanto del deportista como del deporte.

El cliente siempre tiene la razón

Harry Gordon Selfridge, magnate de negocios, fundador de la marca Selfridges

La excelencia es el resultado gradual de siempre esforzarse por ser mejor

Pat Riley, 5 anillos de la NBA como entrenador Lakers y Miami Heat

La relación clientelar se rige por dos principios: libertad de elección, libertad de rescisión. El cliente decide contratar X servicio, en base a su libre criterio –y todo criterio es una forma de ignorancia-, y puede rescindir ese contrato en cualquier momento, en los términos que se establezcan en cada caso. Ésta es la norma tácita que rige nuestro deporte, el esqueleto moral que define las relaciones humanas que hay detrás tanto de atletas novatos como de campeones de España. El criterio del cliente puede oponerse sin mayor justificación al criterio del entrenador, independientemente de sus conocimientos, su experiencia, su capacidad de análisis o sus méritos deportivos.

“Todo aquello que se considera conocimiento puede organizarse en una jerarquía de grados de certeza, con la aritmética y los hechos de la percepción en la cima.” (Bertrand Russell, filósofo y matemático inglés)

Queremos dar al powerlifting una apariencia de deporte cuando realmente está vacío de jerarquías, códigos y compromiso: todo se enmascara, todo se disfraza, y no hay un término medio entre el “todo depende de ti” -discurso de los que ya vienen de serie con la mínima absoluta- y el “bueno, cada uno según sus posibilidades” -discurso del que apenas da el mínimo necesario y sigue esperando que la vida le recompense su gesta hercúlea: dormir, comer y apuntarse a un fitnesspark. No hay términos intermedios, no hay discursos más complejos ni narrativas consistentes: la voz de la experiencia se pierde en la maraña del algoritmo, reina la improvisación y la ansiedad del mercado. La complejidad y el realismo son difícilmente vendibles. Pesa más lo que más se repite, o siguiendo el principio de la propaganda nazi, “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. No culpemos demasiado al powerlifting: en el mundo que nos ha tocado vivir, éste y no otro es el principio fundamental: las verdades han sido sustituidas por simulacros.

“La sociedad de consumo es una sociedad de la simulación, no de la producción.” (Jean Baudrillard, filósofo y sociólogo francés)

Volviendo a nuestro sector, ¿por qué dar un paso adelante? ¿Cómo superar la comodidad del privilegio? ¿por qué rechazar nuestras ventajas de cliente para involucrarnos en una relación más compleja, jerarquizada, con responsabilidades? Porque, llegado el momento, hace falta más que una palmada en la espalda y un ajuste técnico innecesario para romper el techo y seguir progresando. Porque, llegado el momento, necesitamos que alguien nos marque unos mínimos y diga claramente: hay que trabajar más, hay que trabajar mejor. Cuando se agotan los recursos de la primera etapa de desarrollo dentro del deporte, las antiguas mecánicas dejan de funcionar y hay que dar un giro de volante, buscar nuevas direcciones que exigen nuevos códigos y maneras de relacionarse -con el entrenador, pero también con el deporte, con el entorno, con uno mismo…

“La excelencia moral se alcanza mediante el entrenamiento y la costumbre; la virtud es una disposición adquirida.” (Aristóteles)

Ésta es la primera virtud de un atleta: la capacidad de confiar, y no solo de confiar en un profesional, en sus herramientas y en su capacidad para ver lo que el atleta no puede ver, sino también la capacidad de confiar en las virtudes humanas (morales, intelectuales, emocionales) de alguien que ha entregado todos sus recursos a una causa concreta, nada ambigua: desarrollar atletas. Podemos resumir las tres características que diferencian a un atleta de un mero cliente de la siguiente manera:

Generosidad para entregar esfuerzo, dedicación y pasión a una causa que va más allá del corto plazo.

Confianza para ejecutar desde la serenidad y el análisis la estrategia diseñada por el entrenador.

Voluntad: de ser mejor, de corregir, de analizar, de romper límites autoimpuestos. Éste es el eje principal sobre el que orbita cualquier posibilidad real de desarrollo en el medio-largo plazo.

“Si tienes la confianza de que has hecho todo lo posible para prepararte, entonces no hay nada que temer.” (Michael Jordan)

La materia prima con la que trabajamos los entrenadores varía mucho en función de estos elementos. En una relación clientelar, cada vez que se renueva el contrato, el reloj empieza a correr: un mes, tres meses, seis meses. Los criterios de éxito y fracaso están ya fijados de manera unilateral por el cliente -y aquí da igual su ignorancia, su arrogancia, su falta de perspectiva, su tozudez, su falta de compromiso. Por este motivo, cuando trabajamos con clientes, la materia prima es el tiempo: el objetivo, renovar la satisfacción y los criterios fijados por el cliente. Feedbacks calendarizados, llamadas periódicas totalmente innecesarias, constante mención a “récords personales”, refuerzo positivo a diario… ¿No tiene todo esto mucho en común con la fidelización del cliente? ¿Por qué están las redes sociales de nuestro sector abarrotadas de estos ganchos, de estos reclamos? Respuesta directa, poco ambigua: porque hay mucha más gente ahí fuera dispuesta a ser cliente -buen o mal cliente, eso da igual- que gente dispuesta a ser atleta, con todo lo que ello conlleva.

Esto no es un ataque en absoluto. El mercado tiene sus códigos, y ser “entrenador de powerlifting” es una forma tan válida como otra cualquiera para ganarse la vida. Pero cabe separar la paja del grano. También es nuestra responsabilidad decir explícitamente que el 99% del contenido que se crea en nuestro sector tiene como objetivo captar clientes y no formar atletas. Una sentadilla es algo que se puede explicar de manera eficaz en tres, cuatro frases. Una competición de powerlifting es más sencilla que una partida a la brisca. Y esto no es para nada algo negativo del deporte: de hecho, es algo de lo que acabarás enamorándote una vez lo entiendas en toda su profundidad.

“Evalúo el poder de una voluntad por cuánta resistencia, dolor, tortura soporta y sabe convertir en provecho.” (Nietzsche)

Por el contrario, cuando trabajamos con un atleta, la materia prima no es el tiempo, sino la voluntad. Ya no trabajamos a contrarreloj para cumplir ciertos benchmarks y con ello asegurarnos otro trimestre, sino que trabajamos codo con codo, con las cartas sobre la mesa y el papel en blanco: hoja de ruta, objetivos, nivel de compromiso, transparencia, contexto, capacidad de sacrificio, amor por el deporte. Si dentro de un proyecto los objetivos fijados tienen que ver con la competición, con el hecho tangible de estar compitiendo contra otros atletas, con números concretos, la narrativa no puede estar encadenada al “PR”, a la mejora en relación a un mismo. Si esos objetivos requieren un tiempo considerable, una base de trabajo mucho más amplia o unos ajustes técnicos importantes, el “récord personal” pasará a ser consecuencia de un conjunto de estrategias más amplias que van encaminadas en esa dirección y no la temporalidad que impone nuestra industria, nuestro marco de referencias. Esto abarca desde la programación hasta la manera de comunicarnos con nuestros atletas. Absorber para transformar; construir para convertir el objetivo en algo inevitable.

“There’s no way that you just casually become great.”, Russell Orhii

En una relación clientelar podemos enmascarar un mal resultado, incluso ofrecerlo al público como un éxito dentro de nuestros propios parámetros: exámenes, water cut, presión, factores externos, horas de viaje, trabajo… Éste es el simulacro de un deporte que se filtra constantemente como publicidad. De hecho, ésta es otra manera de fidelizar a un cliente: validando sus justificaciones, subiéndonos al carro y compadeciéndonos juntos, minimizando sus déficits. Porque el cliente quiere tener la razón incluso cuando no la tiene. Y creedme que no hay nada más fácil: incluso el público está deseando ver a alguien fracasar por los mismos motivos que ellos están fracasando en su día a día.

Andreita decidió irse de festival cuatro días a dos semanas de competir en su primer nacional

Para mí esto es inaceptable en un proyecto conjunto, dejar expuesto al atleta mediante sutiles insinuaciones. Si tras un mal resultado digo en stories “un contexto difícil”, realmente estoy diciendo “no ha sabido gestionar su contexto”; si digo en stories “un corte muy agresivo”, realmente estoy diciendo “o el nutri lo ha hecho mal, o mi cliente lo ha hecho mal”; si digo en stories “el objetivo era disfrutar y es lo que hemos hecho”, realmente estoy diciendo “este cliente no está preparado ni para tener objetivos reales”. Y así con infinidad de ejemplos. En un proyecto deportivo común, cuando se trabaja espalda con espalda, estas líneas deben estar marcadas como la base fundamental de una dinámica de trabajo productiva. Y esto no es del todo fácil, porque el motor de las redes sociales no es el desarrollo personal -aunque se empeñen en repetirlo- ni mucho menos el desarrollo moral: se mueven en un flujo compulsivo de llamadas de atención y justificaciones, procesos de reafirmación constante por los cuales el sujeto siempre está a salvo de ponerse en crisis, de enfrentarse a una situación que le obliga a cambiar.

Luego estos entrenadores son los que se quejan de la tasa de abandono y de que hay entrenadores novatos cobrando 30€

¿Dónde nace esta dinámica tan generalizada que a todos nos acaba saturando? No se trata de una pandemia ni del inconsciente colectivo. Es mucho más sencillo: para formar parte de un juego, lo primero es aprender sus normas e imitar a los que aparentemente mandan. Creo que en esto los entrenadores tenemos una responsabilidad que no estamos asumiendo, y de la que luego no tardamos en quejarnos cuando todo se vuelve en nuestra contra y tenemos que lidiar con situaciones que podrían haberse evitado fácilmente con trabajo y pedagogía desde un principio. Por decirlo con un refrán: cría cuervos y te sacarán los ojos. Traducido a nuestro contexto sería algo como: fomenta el clientelismo, y el clientelismo acabará sometiendo tu ética de trabajo y tu esencia como entrenador,

de la Cruz

By

·

Deja un comentario